lunes, 10 de marzo de 2014

LA ESPAÑA ESTEPARIA


“El español primero es de su pueblo, de su barrio si vive en una ciudad, después de su comarca, más tarde de su región, y en último lugar, de España”. La frase, del historiador Claudio Sánchez-Albornoz, resume el espíritu de un pueblo que nunca fue capaz de agruparse en un proyecto político común, saqueado por oligarquías y espoleado demasiado a menudo por un odio cainita hacia lo diferente. La idea de España se ha construido siempre por oposición: por oposición al musulmán durante la reconquista (sin mayúscula, porque no hay nada de épico en ella), contra el protestante en la España imperial, contra todo lo que no fuera castellano durante el siglo XVIII, a través de la lucha entre tradicionalistas y liberales en el siglo XIX, contra el socialismo y la modernidad en el siglo XX. España es como el protagonista de El lobo estepario, de Herman Hesse: un concepto herido, atrapado entre dos extremos, que se observa a sí mismo incapaz de apreciar la belleza de lo múltiple, la riqueza cultural y lingüística de su territorio, y aterrado ante la perspectiva de observarse en un espejo y ver cómo su realidad se fragmenta.